¿Qué nos puede estar pasando?

En el mundo actual, el estrés (cuando en un momento determinado percibimos que nuestros recursos son inferiores a las demandas que nos encontramos) tiende a ocupar un lugar protagonista en nuestras vidas,, pudiendo manifestarse de distintas maneras en función del contexto y la historia de cada uno. Así, las manifestaciones más habituales (cuadros clínicos) son:


Agorafobia

Se caracteriza por la presencia de estados de ansiedad intensa en situaciones o lugares en los que nos pueda resultar difícil escapar o en los que pudieramos no disponer de ayuda ante la presencia de un ataque de pánico. Esto nos crea una espiral en la que acabamos desarrollando un “miedo al miedo”; anticipamos con gran malestar la posibilidad de volver a experimentar la terrible sensación de ansiedad que ya hemos vivido, y empezamos a evitar cualquier situación que no nos dé seguridad (transportes, viajes, lugares cerrados… y poco a poco, todo lo que no sea estar en casa).

Pensamientos comunes (frases o imágenes) en este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

“No soporto esta sensación, ¿y si me da un ataque?”

“Si salgo sol@ y tengo un ataque de pánico, ¿quién me ayuda?”

“Alejarse de casa es peligroso”.

“No soportaría perder el control”.

“Me siento incapaz de irme de viaje, me genera una ansiedad brutal”.

“En un sitio con mucha gente no podré salir”.

“¿Y si me pasa algo en el metro?”.

“¿Y si vomito, o me hago pis sin poder controlarlo?”

“¿Y si pierdo el control en la situación?”

“¿Y si no hay cerca un hospital?”

“¿Y si esta taquicardia es el inicio de una parada cardiaca?”

Emociones y sensaciones físicas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Ansiedad anticipatoria (sensaciones físicas intensas sólo imaginando lo que me puede pasar).

Miedo.

Tristeza (suele aparecer por todo lo que pierdo al ir restringiendo mi libertad por no querer alejarme de casa).

Taquicardia.

Sudoración.

Nudo en el estómago.

Parestesias u hormigueo en las manos.

Mareo.

Sensación de inestabilidad.

Desrealización (verme desde fuera, como si estuviese fuera de mi propio cuerpo).

Sensación de ahogo.

Estado de alerta o hipervigilancia por la posible aparición de cualquier sensación física.

Conductas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Evito medios de transporte (avión, tren, autobús, metro, barco) o los cojo con muchas precauciones y dificultad.

Evito espacios con mucha gente.

Evito espacios cerrados de los que resulte difícil escapar (cines, teatros, tiendas).

Busco la compañía de personas cercanas que conocen el problema para hacer cualquier actividad que me agobie.

Llevo un “kit que me da seguridad” (agua, batería o cargador del móvil, ansiolíticos, abanico…).

Controlo y chequeo muchos detalles de los lugares donde voy a ir para sentir seguridad (ejemplo: ponerme en el cine cerca de la salida de emergencia, en un pase de película a una hora en la que no haya mucha gente, en un cine cercano a casa y con una película que no me produzca muchos sobresaltos).

Fobia Social

El elemento principal de este cuadro clínico es el miedo a ser evaluado y/o juzgado negativamente por parte de los demás en las relaciones interpersonales y en situaciones de carácter social. Así, para evitar el malestar que genera la idea de poder ser rechazado por los demás, evitamos las situaciones en las que creemos que nos exponemos a esta posibilidad y, de no poder evitarlas, las soportamos, pero lo hacemos a costa de un malestar y una ansiedad muy elevados.

Pensamientos comunes (frases o imágenes) en este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

“Tengo que asegurarme de que los demás piensan bien de mi antes de decir nada”.

“No soporto los silencios, ¡tengo que decir algo. Si no, esto es muy incómodo!”

“No aguanto que los demás se den cuenta de que me pongo rojo y me tiembla la voz”.

“Tengo que controlar mi nerviosismo como sea, es patético que me vean así”.

“Mis gracias no hacen gracia y cada vez se nota más que no estoy a la altura”.

“Si se dan cuenta de que estoy nervioso, se van a burlar de mí, ¡qué ridículo voy a hacer!”.

“No voy a saber qué decir y la gente va a pensar que soy rar@ o tont@”. “Se me nota que estoy muy nervios@, ¡qué horror!”.

“Aunque el de enfrente no diga nada, se está dando cuenta de que me siento insegur@, me lo está notando y eso me mata”.

“Ella/él es muy atractiv@. Diga lo que diga no voy a estar a su altura”.

“¿Cómo me dirijo a una persona con tanto poder? Diga lo que diga, no voy a aportarle nada. Es más, le va a molestar lo que yo diga”.

“¿Qué habrá pensado de lo que he dicho?”.

“¿Habré quedado como un snob por lo que dije? Desde ayer no paro de darle vueltas”.

“¿Le habré incomodado con lo que he dicho?”

Emociones y sensaciones físicas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Ansiedad anticipatoria (respuestas físicas sólo imaginando lo que me puede pasar).

Miedo al rechazo.

Sudoración.

Temblores.

Tartamudeo.

Ruborización (me pongo roj@).

Conductas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Evito el contacto ocular (quito la mirada o me cuesta mantenerla).

Evito hablar con personas atractivas o que tienen mucha autoridad.

Evito responder a temas donde no tengo el 100% de seguridad de que lo que voy a decir va a ser aceptado.

Sonrío muy habitualmente como forma de intentar caer bien y que me acepten.

Intento ser lo más educad@ que puedo y no hago nada que no esté segur@ que va a ser adecuado para la situación.

Me visto y adapto mi imagen a lo que creo que el otro espera de mí.

Evito cualquier situación donde puedan hacerme una crítica.

En ocasiones, no doy mi verdadera opinión para que no me rechacen.

Evito el conflicto todo lo que puedo, sobre todo con personas que tienden a expresar desde la agresividad. Evito cambiar artículos en una tienda, o hacer llamadas para realizar cualquier gestión.

Pido perdón repetidas veces por cualquier comportamiento mío que haya podido resultar incómodo al otro.

Evito comer, escribir, o hacer otras actividades donde me vean sol@.

Evito pasar delante de terrazas en verano, donde otros me pueden ver pasar.

Observo mucho cualquier gesto o reacción del otro para analizar si me está rechazando.

Pregunto a otros de forma habitual sobre cómo me he comportado (buscando alivio a la ansiedad que me provoca imaginarme que he hecho el ridículo).

Depresión

La característica más evidente de este cuadro clínico es la presencia de una profunda tristeza que suele venir acompañada, entre otros síntomas, de una importante pérdida de interés y/o de placer en las cosas que antes solíamos disfrutar, baja autoestima y disminución de las funciones psíquicas (dificultades importantes en la concentración, en el aprendizaje y en la atención). Lo que antes se procesaba sin problema, ahora requiere un gran esfuerzo. Por ejemplo, seguir una conversación o recordar algo que había que hacer.

Además, es común que aparezcan síntomas físicos como alteraciones en el sueño, alteraciones del apetito y el peso, fatiga, disminución del deseo sexual, etc., así como problemas interpersonales, pues el área de las relaciones sociales tiende a descuidarse como consecuencia del estado de ánimo decaído.

Pensamientos comunes (frases o imágenes) en este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

“No tengo ganas de levantarme por la mañana”.

“Necesito recuperar mis ganas de vivir y no sé cómo hacerlo”.

“No merece la pena intentarlo, es demasiado esfuerzo”.

“¿Para qué intentarlo si volverá a salir mal?”

“Mi vida no tiene sentido”.

“No me apetece hacer absolutamente nada”.

“Estoy cansad@ todo el día”.

“Me siento inútil”.

“Soy un fracaso”.

“Me siento sol@”.

Emociones y sensaciones físicas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Cansancio.

Falta de ganas.

Incapacidad para disfrutar de cualquier situación.

Tristeza.

Culpa.

Desesperanza.

Insomnio o hipersomnia.

Falta de apetito.

Ansiedad ante posibles actuaciones.

Sensación de incapacidad ante el afrontamiento de retos.

Conductas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Abandono mis hobbies.

Evito quedar con amigos o eventos sociales en general.

Paso mucho tiempo en la cama.

Descuido mi aspecto físico y mi aseo personal.

Sólo hago lo estrictamente necesario, el resto del tiempo estoy inactivo (me quedo en el sofá).

Me quejo habitualmente de mi estado emocional.

Ansiedad Generalizada

La presencia de una preocupación constante constituye el elemento fundamental de este cuadro clínico. Se trata de un estado de preocupación general, que puede abarcar una amplia variedad de temas o ámbitos de nuestra vida sin limitarse necesariamente a un área específica. Este estado permanente nos lleva a intentar controlar la ansiedad. Pero al no conseguirlo, lo que se produce es un incremento de la misma, situándonos en una espiral en donde la preocupación parece no llegar nunca a su fin.

En este punto resulta importante aclarar que, si bien las preocupaciones, la incertidumbre y los miedos constituyen una parte más de la vida y es normal sentirnos así de vez en cuando, la diferencia con respecto a la ansiedad generalizada es que en ésta, las preocupaciones se convierten en el centro de nuestra vida y se caracterizan por ser excesivas, persistentes e intrusivas, interfiriendo así en nuestro funcionamiento adecuado.

Pensamientos comunes (frases o imágenes) en este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

“¿Y si, por mi culpa, por no prevenir, nos arruinamos?”

“Si no me preocupo, algo terrible sucederá”.

“Cuando una preocupación se termina empieza otra, no puedo evitarlo”.

“Tengo que estar alerta de forma permanente por cualquier cosa que pueda pasar”.

“Si me relajo, algo malo sucederá”.

“No puedo sentirme feliz, porque si estoy feliz, se va a interrumpir esa felicidad ante cualquier desgracia”.

“Me va a salir fatal” (una entrevista de trabajo, un examen, un plan…). “Me encantaría que mi cabeza parase tan solo un rato”.

“Me da mucho miedo el futuro”.

“No paro de darle vueltas a la cabeza”.

Emociones y sensaciones físicas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Ansiedad.

Estado de alerta.

Tensión muscular.

Fatiga.

Miedo.

Incertidumbre.

Irascibilidad.

Dolor de cabeza.

Molestias gastrointestinales.

Colon irritable.

Sensación de ahogo.

Nudo en el estómago.

Sequedad de boca.

Bruxismo.

Urticaria.

Culpa.

Conductas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Compruebo de forma constante el estado de los eventos que me preocupan en ese momento, por ejemplo:

Si me preocupa que la relación de pareja se acabe, pregunto muy habitualmente: “¿me quieres?”.

Si me preocupa estar enfermo, busco ante cualquier síntoma mucha información del tema.

Si me preocupa arruinarme, analizo constantemente dónde puedo evitar gastar o cómo puedo hacer para ahorrar más.

Si me preocupa suspender, estudio sin parar, incluso cuando ya no me concentro, sigo intentándolo hasta que caigo rendido.

Si me preocupa que me critiquen o haber metido la pata, pregunto y averiguo de forma minuciosa lo que el otro ha podido concluir…

Hablo mucho y de forma acelerada.

Me muevo constantentemente (no puedo quedarme quieto…).

Hago varias cosas a la vez, con grandes dificultades para centrarme sólo en una.

Hago, generalmente, las cosas deprisa, aunque tenga tiempo para hacerlas.

Intento pensar (racionalmente) para resolver una emoción. Pienso para no sentir.

Trastorno Obsesivo Compulsivo

Este trastorno se caracteriza por la presencia de obsesiones y/o compulsiones recurrentes que nos interfieren en el funcionamiento normal de nuestra vida.

Las obsesiones consisten en pensamientos, imágenes o ideas que irrumpen en nuestra actividad mental, de modo que las vivimos como intrusivas. Suelen ser desagradables por su contenido y porque las consideramos como irracionales, de modo que, al experimentarlas, intentamos resistirnos a ellas o neutralizarlas de alguna forma.

Por su parte, las compulsiones se definen como conductas o acciones mentales que llevamos a cabo de forma repetitiva e intencional, apareciendo normalmente como respuesta a una obsesión. Aunque la conducta realmente no tiene ninguna utilidad ni resulta placentera cuando la realizamos, nos sirve para reducir el malestar generado por la obsesión, o para impedir o evitar algún daño anticipado. En este último caso, no existe necesariamente una conexión realista entre el peligro que pretendemos evitar y la conducta que llevamos a cabo para ello (por ejemplo, podemos tener la compulsión de tocar 3 veces el pomo de la puerta antes de salir de casa porque tememos sufrir un accidente si no lo hacemos).

Obsesiones (pensamientos, ideas, frases, imágenes o impulsos) más comunes en este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

”¿Y si me he contaminado a través de algo que he tocado?”

“¿Y si tiro algo que en el futuro me hace falta?”

“¿Y si he atropellado a alguien y no me he dado cuenta?”

“¿Y si de repente me da el impulso y me tiro por la ventana?”

“¿Y si me hago pis o caca en público?”

“¿Y si hago daño a alguien por que de repente me vuelva loco?” “¿Y si soy homosexual y no lo se?”

“¿Y si, por comprometerme con esta pareja, pierdo oportunidades mejores?”

“¿Y si me equivoco en mi elección y no es la mejor posible?”

“Dudo constantemente y no soporto la responsabilidad de decidir. Me hace sufrir mucho”.

“Necesito que otros tomen las decisiones que impliquen responsabilidad por mi”.

“Necesito tener absoluta seguridad de que lo que me obsesiona no se va a producir”.

“Necesito orden y muchas normas sobre cómo hacer las cosas para sentirme bien”.

“Me imagino lo que me obsesiona y no lo soporto, necesito sacarlo de mi cabeza como sea”.

“Si pienso en algo, se hará realidad”.

Emociones y sensaciones físicas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Miedo.

Duda constante.

Ansiedad.

Culpa.

Conductas (compulsiones) características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Me lavo las manos constantemente tras tocar algún objeto por si éste está contaminado y me puede transmitir a mi (o a alguien de mi familia) alguna enfermedad.

Ordeno cosas según criterios determinados para evitar o impedir alguna desgracia o mitigar la desagradable sensación de que las cosas no son como deberían ser.

Repito una frase o conducta de manera insistente (ir siempre al trabajo por el mismo camino, por ejemplo), para evitar que ocurra alguna catástrofe temida.

Compruebo constantemente si se ha realizado una actividad (apagar el fuego, cerrar la puerta de casa…) y no puedo parar de hacerlo.

Rezo constantemente para evitar una desgracia.

Hago rituales que me dan sensación de control aunque no tenga lógica o sean por superstición (tocar madera, vestirme de un determinado color, beber a sorbos 2 vasos de agua, no pisar las líneas de las baldosas, repetir una palabra de forma constante…).

Trastorno de Pánico

Se caracteriza por la aparición inesperada y recurrente de ataques de pánico, los cuales consisten en periodos de malestar muy intenso que se presentan de forma brusca y que se acompañan de síntomas físicos desagradables junto a la sensación de peligro o muerte inminente, ocasionándonos un deseo incontrolable de escapar o pedir ayuda. Además, sentimos una gran inquietud ante la posibilidad de sufrir más ataques, así como una gran preocupación por las consecuencias de los mismos.

Pensamientos comunes (frases o imágenes) de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

“¿Por qué siento esta sensación?; ¿Será peligrosa?”

“Siento que me ahogo, no soporto esta sensación”.

“¿Y si me vuelvo loc@?”

”¿Y si mi sensación es en realidad un ataque al corazón?”

“¿Y si mi sensación se dispara y no puedo pararla?”

“¿Y si me da un ataque de ansiedad y estoy sol@?”

“¿Y si me da un ataque de ansiedad y estoy lejos de un hospital?”

Emociones y sensaciones físicas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Ansiedad.

Taquicardia.

Mareos.

Hormigueo en la manos y/o las piernas.

Sensación de ahogo.

Miedo a cualquier cambio en las sensaciones físicas (hambre, resaca, cansancio, período premenstrual, excitación sexual, activación al hacer deporte…).

Tensión muscular.

Conductas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Evito actividades que puedan alterarme o que me produzcan cambios fisiológicos (beber alcohol, acostarme tarde, deporte, tener relaciones sexuales, vivir acontecimientos que me emocionen…).

Llevo conmigo un “kit de seguridad” por si me da un ataque de pánico: ansiolíticos, agua, baterías o móviles de repuesto por si falla el actual, abanico, caramelos…

Me aferro cada vez más a hábitos estables que eviten que me altere: como a la misma hora, duermo a la misma hora, evito conversaciones que me alteren, evito programas o películas que me alteren.

Busco estar sólo con gente que sepa lo que me sucede y que pueda ayudarme si me pasa.

Llevo la atención a mi cuerpo constantemente para ver si cambia alguna sensación. Chequeo e intento buscar una explicación a cualquier sensación.

Hipocondría

El elemento clave de este cuadro clínico es la interpretación que hacemos de los síntomas físicos/somáticos como si fueran un aviso de que tenemos una enfermedad. Esta interpretación nos lleva a una preocupación constante y en cierta forma obsesiva, la cual se manifiesta, a su vez, en conductas de comprobación para asegurarnos de la presencia o ausencia de la/s enfermedad/es temida/s.

Pensamientos comunes (frases o imágenes) de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

“¿Y si estoy gravemente enferm@ y no lo se?”

“¿Y si me hago pruebas y me encuentran algo?”

“¿Y si este síntoma es la manifestación de una enfermedad grave?”

“¿Y si por no buscar síntomas, no detecto una enfermedad importante?”

“No sería capaz de soportar una enfermedad”.

“Tengo que sentir la absoluta certeza de que estoy totalmente san@”.

“No soporto escuchar testimonios de personas enfermas”.

“Quizá, este dolor significa que tengo cáncer”.

“Necesito chequear mi cuerpo para comprobar que estoy bien”.

Emociones y sensaciones físicas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Miedo.

Ansiedad.

Fatiga.

Sensaciones diversas que vivimos con inquietud: cambios del ritmo de los latidos del corazón, dolores musculares, hormigueo, molestias gastrointestinales, dolor de cabeza…

Conductas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Busco de forma persistente explicaciones e información sobre cualquier síntoma o enfermedad, o bien evito absolutamente cualquier información al respecto.

Compruebo de forma constante mi estado corporal (me tomo el pulso, me exploro buscando bultos, me miro al espejo por si estoy pálid@, me tomo la tensión…).

Tomo muchas medidas para prevenir enfermedades de forma constante (reviso la calidad de los alimentos antes de comerlos, controlo las horas de sueño, me abrigo mucho, incluso sin demasiado frío…), y si no lo hago, me siento muy mal.

Acudo constantemente al médico y visito diversos especialistas hasta conseguir que uno de ellos me dé un diagnóstico o, por el contrario, evito totalmente acudir a uno.

Estrés postraumático

Aparece cuando experimentamos un trauma de forma directa (vivimos episodios cercanos a la muerte, está en juego nuestra propia supervivencia, existe una amenaza catastrófica o somos víctimas de situaciones de violencia y agresión), o presenciamos cómo le sucede cualquiera de las anteriores a un ser querido o a terceras personas.

Pensamientos comunes (frases o imágenes) de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

“Me vienen imágenes muy intensas de lo que pasó y no puedo soportarlo”.

“No debo relajarme, necesito estar alerta todo el rato”.

“Cuando pienso en ello es como si lo estuviese viviendo de nuevo”.

“Recuerdo lo que viví y no puedo creer que ha pasado de verdad”.

“Los pensamientos sobre lo que pasó me invaden y angustian. ¡Necesito que se vayan!”

“Me aterra la idea de ir a dormir por las pesadillas intensas que tengo”.

“No soporto que nadie me hable de nada relacionado con el suceso”.

“Ya no puedo confiar en nadie”.

“¿Por qué me salvé yo y no otra persona?”

“El mundo es peligroso”.

“Me siento culpable por no haber hecho más para salvarme/salvar a otros”.

“¿Por qué me tuvo que haber pasado esto a mí?”

Emociones y sensaciones físicas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Miedo/terror.

Culpa por haber sobrevivido.

Ira.

Alteraciones en el sueño.

Ansiedad, que puede manifestarse de formas diversas: sudoración, taquicardias, mareos, tensión muscular.

Sensación de ser incapaz de experimentar emociones positivas. Respuesta de sobresalto exagerada.

Conductas características de este cuadro clínico (dependiendo de la persona, aparecen unas u otras):

Evito cualquier hecho, situación o persona que me recuerde al acontecimiento traumático.

Dejo de hacer actividades que antes me gustaban. Ya no me apetecen.

Me comporto de forma imprudente o autodestructiva (por ejemplo: bebo en exceso, voy con el coche a una velocidad peligrosa...).

Me cuesta seguir conversaciones y mantener la atención.

Busco distracciones/actividades para olvidarme del trauma.

Vigilo y estoy atent@ a cualquier amenaza, evitando sitios potencialmente peligrosos.

Problemas de pareja

se trata de uno de los motivos de consulta más habituales actualmente. Existe una amplia gama de problemas en la relación de pareja, que tienen como dinámicas de base las siguientes:

Una inadecuada comunicación.

Con mucha frecuencia, en la pareja, tenemos diferentes estilos de comunicación (verbal y no verbal). Es decir, manejamos códigos distintos que dificultan la comprensión mutua. Por ejemplo: “Cuando te digo algo no me haces caso...no te importa”.

“Me siento poco comprendid@”.

“Siento que no nos entendemos”.

“Es como si yo hablara en un idioma y tú en otro”.

“Yo soy muy cariños@ contigo, pero tú es muy frí@ conmigo”.

“No expreso mis sentimientos...y cuando lo hago, los expreso de forma inadecuada”.

“Yo te cuento todo y tú no me cuentas nada”.

“No me dejas terminar de hablar”.

“La forma en la que me dices las cosas me hace mucho daño”.

“Parece que no te puedo decir nada. Todo te molesta”.

“No entiendo cómo quieres que te hable”.

¿Es whatsapp un buen medio de comunicación en pareja?

Desequilibrio entre lo que tengo y lo que espero tener. Es decir, no se cumplen mis expectativas.

“No has dicho lo que yo esperaba que dijeras”.

“Yo espero que tú te comportes como yo quiero, y si no lo haces, tengo derecho a enfadarme”.

“Me has decepcionado. No esperaba esto de ti”.

“Querer a alguien significa estar pendiente de esa persona todo el tiempo”.

“Si de verdad me quisieras, no tendría que pedirte las cosas”.

“Si de verdad me quieres, yo debería ser siempre lo primero para ti”.

Reciprocidad negativa.

Se instalan patrones de interacción negativos y respuestas emocionales negativas. En otras palabras, los reproches constantes y mutuos se convierten en los protagonistas de nuestra relación, de modo que los mensajes sobre lo que a cada uno nos gusta del otro y las actividades donde disfrutábamos juntos, pasan a un segundo plano.
Ejemplo 1:

Ramón (a Laura, que llega tarde): “Qué bonitas horas son estas de llegar a casa”.

Laura a Ramón: “Bueno, alguien tiene que trabajar para poder pagar la casa, los servicios, el coche, la comida…¿no crees?”.





Ejemplo 2:

Julieta a Roberto: “Vaya…otra vez nos hemos quedado sin pan. Es que nunca te fijas. Si no estoy pendiente yo del pan, no se compra pan en esta casa”.

Roberto a Julieta: “Claro…es que comprar el pan es la preocupación más grande que tengo en mi cabeza. No hay nada más importante que comprar el pan”. (Resopla) “nada de lo que hago es suficiente para ti”.

Roles opuestos que sostienen una relación conflictiva.

Esto ocurre normalmente cuando en nuestra relación, uno de nosotros asume un rol, mientras que el otro asume el rol completamente opuesto: pesad@ vs. pasota, cuidador vs. cuidado, víctima vs. verdugo, independiente vs. dependiente.
Ejemplo 1:

María: “Para hacer así las cosas, mejor no las hagas”.

Luis: (Se entristece). “Hago todo lo que puedo. Lo siento. No quiero que te enfades conmigo”.

María: (Enfadada) “¡Siempre tienes que hacerte la víctima! ¡Parece que la mala siempre soy yo!” (Su rabia aumenta la desesperación de Luis por no querer enfadarle, lo cual, a su vez, aumenta la rabia de María por la actitud sumisa de Luis...Es decir, se convierte en un círculo vicioso que no hace sino reforzar ambos roles).



Ejemplo 2:

Carlos: “Otra vez se han quedado los platos sucios y no los has fregado. ¿Cuántas veces voy a tener que pedirte que me ayudes con la limpieza?” Cristina: “Sí lo iba a hacer, pero luego me puse a hacer otra cosa y se me olvidó. Ahora lo hago”.

Carlos: (Enfadado) “Ya lo hago yo...otra vez”. (No deja espacio para que la otra persona actúe, lo que hará que se perpetúen ambos roles). ¿Podemos aprender a ser equipo?

Culpamos al otro de nuestros sentimientos (él/ella sería la única causa de lo que nos pasa).

Se trata de una dinámica bastante común, en donde lo que ocurre es que cada uno de nosotros atribuimos al otro toda la responsabilidad de lo que sentimos. Algo muy típico en este sentido es que hablemos siempre en segunda persona del singular. Es decir, explicamos todo desde el “tú”. Por ejemplo:
“Me haces mucho daño cada vez que me miras con esa cara”.

“Tú me haces ponerme así de agresiv@. Si no me pincharas tanto, seguro que no te respondería así”.

“Si no te enfadaras por todo, yo estaría más tranquil@”.

“¿No te das cuenta de que eres tú quien me saca de mis casillas?”.

“Me siento fatal por tu culpa. A ver cómo solucionas esto ahora”.