Ideas sobre las emociones, lo correcto e incorrecto y la felicidad

1Las personas fuertes, con una alta autoestima, no necesitan pedir ayuda.
Una gran parte de las personas con las que trabajamos, vienen porque están en una etapa complicada de su vida, donde encuentran dificultades para manejarse o adaptarse. Es decir, no tiene que ver con personas fuertes o débiles sino con momentos vitales donde nos “tambaleamos”. Valorar nuevas alternativas para gestionar nuestras emociones y circunstancias nos ayuda a crecer en esos momentos.
Veamos un ejemplo: Dani Martín relata cuándo decidió acudir a un psicólogo
2Las emociones negativas me impiden llevar la vida que deseo.
Solemos clasificar las emociones como positivas y negativas según lo que nos hacen sentir. De forma natural, los seres humanos buscamos el placer y evitamos el dolor, por lo que tendemos a rechazar las emociones que vivimos como negativas y procuramos no entrar en contacto con ellas.
Sin embargo, si asumimos que las emociones son reacciones automáticas y transitorias que ocurren en nuestro cuerpo como respuesta a determinadas situaciones, y que todas ellas forman parte de la vida y cumplen una función, nos puede resultar más fácil aceptar su presencia y ver cómo gestionarlas para elegir la vida que queremos llevar, independientemente de que no sean siempre agradables.
Así, las emociones nos facilitan o dificultan conseguir lo que queremos, pero no son la causa que impide o permite que lo consigamos.
3El objetivo máximo en la vida es sentirse feliz a todas horas.
La felicidad suele estar idealizada y sobrevalorada: se suele ver como el fin último y existe la fantasía de que es un estado que se puede alcanzar de manera permanente, aun cuando en la propia definición (de estado) queda claro que, al igual que el resto de las emociones, tiene carácter de transitoriedad. Es decir, cumple una función y tiene un inicio, un punto de máxima expresión, y un final.
El objetivo máximo, entonces, es que cada uno de nosotros lleve la vida que quiere llevar y que, en ese camino, podamos ir gestionando las emociones que vayan surgiendo.
4Si fuese buena persona, tendría sólo pensamientos bondadosos con los demás.
Este es un claro ejemplo de “fusión” con el pensamiento. Es decir, equiparamos en nuestra mente lo que una persona piensa con lo que es, como si se tratase de lo mismo. En este sentido, sólo podremos deshacernos de creencias y prejuicios de este tipo si nos permitimos tomar distancia de los pensamientos, emociones y acciones, para entender que SÓLO son eso y que, por lo tanto, lo que una persona ES, va mucho más allá de lo que piense, sienta o haga en un determinado momento. Es más, una mente sana tiene todo tipo de pensamientos: de rechazo, de envidia, de comparación, de temor al futuro…tener sólo pensamientos bondadosos sería incompatible con la inteligencia, ya que ésta está destinada a hacer muchas hipótesis sobre la realidad y eso implica pensar mal a veces.
Tal vez pueda ser útil para ilustrar esta idea imaginarnos a nosotros mismos como el océano y a nuestros pensamientos, emociones y conductas como las olas que vienen y van. El océano tiene olas...a veces más grandes, a veces más pequeñas, a veces violentas, a veces más suaves...Pero en definitiva, el océano NO es cada una de sus olas. Las olas van y vienen, pero el océano permanece. Es decir, el océano es y abarca mucho más que solo sus olas. Lo mismo pasa con nosotros.